Esos imprevistos cotidianos que hacen perder el tiempo

De vez en cuando surgen esos pequeños “imprevistos” que uno no espera y que por lo general no son nada deseables. Nos cambian la agenda, nos hacen perder el tiempo o dinero y nos dan una cuota de estrés adicional a todo lo que ya venimos acumulando durante la semana.

¿A quien no se le ha quemado la heladera? ¿Y que hay de ese lavarropa que dejó de funcionar misteriosamente? ¿Y la computadora con virus donde no nos queda otra alternativa que formatear y perder toda la información almacenada? ¿Quien no tuvo que arreglar el auto por un desperfecto técnico inesperado que encima cuesta miles de pesos?

Debo reconocer que los imprevistos de este estilo son un dolor de cabeza. No dejan de ser problemas relativos en el fondo que cada uno se lo tomará a su manera, pero cuando a mi me pasan estas cosas voy pasando por distintos estados: negación, bronca, insultos en voz alta, aceptación y finalmente superación.

Creo que en general cuando uno tiene un estilo de vida más distendido en donde sobra el tiempo y el dinero, estas cosas no suelen afectar tanto. Pero si estás justo de ambos recursos entonces suele ser un problema mayor. Al menos uno “se amarga” por un tiempo.

¿Se puede hacer algo?

Quizás haya algo que podamos hacer para aminorar el impacto de los queridos imprevistos y no digo solamente tener una filosofía de “me resbala todo”. Hay veces que nos ocupamos las agenda al 150% durante el día y si pasa algo no tenemos margen de maniobra. Quizás una idea es no saturarnos diariamente de tantas cosas o al menos tener cierta flexibilidad para poder resolver el Tetris (nuestra lista de tareas). Otra idea es tratar de tener un ahorro mínimo para imprevistos, para tener a disposición el dinero que necesitamos casi en forma inmediata.

Si bien un imprevisto es algo que no esperamos que suceda si contamos con margen de maniobra, recursos y una actitud positiva sobre todo, se hace mucho más ameno.

“No es tan grave después de todo” es lo que a veces pienso...

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